
Manchada por la idea pegajosa de tu cuerpo distante, sumisa al deseo que se revela en el estanque de mi sangre, deshecha en esta fortaleza que admiran los viajeros, inquieta en la corriente de esta paciencia larga, detenida en una línea de años que cuento como números. Desatar el juego: nombrarte. Descubrir el vacío, después, salvarme.
12 Abalorios:
No podías ausentarte.
No lo hiciste.
Nosotros tampoco.
Gracias por volver.
O por seguir estando.
Andrea, no me merezco un poema ni por asomo, pero te lo agradezco enormemente. Me dan más ganas de que esta vuelta, con cambio de look incluido, sea "el amanecer" a cielo abierto de nuevas experiencias textuales.
Gracias por estar.
O por seguir volviendo.
Un abrazo.
Hola. Este poema produce un quiebre en el intento de un paralelismo sintáctico. No obstante, el vocabulario es cautivador.
FAF, quizás por eso no es poema y está pensado como prosa poética.
El lenguaje, más allá de lo cautivador, fue escrito en un momento (todavía me acuerdo de ese cruce a Chile) en donde cada palabra me representaba. Si querés, puedo decir que el lenguaje es vívido en un 100%.
No es prosa poética es un poema en el que se ha eliminado la estructura en versos. Sabía que ibas a responder eso.
Leo tan seductora elegía y veo a su autora cautiva.
Recuerdos nostálgicos, hermosos sentimientos de un tiempo pasado marcado por el amor; palabras llenas de ese talento y serenidad con el que las princesas sobreviven a la espera sin perder el aliento.
Atractiva e impecable su prosa, Paula.
Un admirado saludo.
"detenida en una línea" a mi me parece prosa poética, sí claro, rompe la regla del verso..o quiza sólo es que posee una elasticidad poética poco usual..como quiera tiene alcance Paula.
Saludos
Como encontrar el nombre de Dios en las manchas del tigre de Borges. Somos presos de los nombres. Yo soy Javier. Es increíble que ese sea mi nombre y sea yo al mismo tiempo.
Quizás me salve, aunque quizás solo se salve mi nombre.
Un abrazo, Paula.
Javier, apreció tu comentario, sobre todo esa idea de la serenidad de la princesa cautiva, te puedo asegurar que no se me había ocurrido pero emana muy fuerte del texto. Paciencia, espera, altivez. Una dignidad antigua que tiene que ver con la resignación más pura.
Sobre los nombres y Borges, es cierto, son ellos los que se salvan en algún recuerdo que hace su recorrido a través de algunas generaciones o en papeles de filiación. O quizás en cierta falsa trascendencia por obras o actividades públicas.
Beatriz, si el texto ha cometido su propósito de alcanzarte con sus imágenes poéticas, esta autora se da por satisfecha.
Nos vemos en Paradoxia.
Paula: está muy bien este texto. La musicalidad de los participios que encabezan cada enumeración es cierto que lanzan un hechizo al lector, pero que los obliga a estar atentos. Toda estaticidad se suelta con los verbos finales.
Con respecto a si es una prosa poética o un poema en prosa, todo confluye en la misma respuesta: la intención de la que escribe.
Cuando el poema se liberó de la métrica y de la rima surgió de dos formas: en verso con Walt Whitman y en prosa con "El spleen de París" de Ch. Baudelaire.
Los "envases" también dicen algo. Puedo tomar vino llevándome un balde a la boca, pero toda su estructura me dice que es para otra cosa, ¿no?. La prosa no es verso sin medida, cuánto simplismo. La prosa entraña la respiración de la narrativa, de la mínima anécdota, pero atravesada por el tono y los recursos poéticos. La extrañeza de lo híbrido se impone, por tanto.
Pero también sabemos que, desde hace mucho tiempo, la lectura es preminentemente gráfica antes que oral. Y la disposición de corrido de las frases/oraciones/unidades de sentido, sin cortes ni blancos (más allá del fin del margen) dice algo a los ojos que los oídos no alcanzan a interpretar.
A fin de cuentas, que todo autor hace una propuesta de lectura formal y de sentido (las tan mentadas dos caras de la misma moneda), y el lector toma el texto y lo interpreta. Para bien o para mal, ninguno de los dos se equivoca.
"La extrañeza de lo híbrido se impone", como bien dice mi amigo Hernán, este texto necesita del formato de la prosa para contar la historia de este yo lírico asfixiado y, a la vez, requiere de los recursos de la poesía para crear imágenes precisas del estado de angustia detenida, de amargura aceptada de la protagonista.
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