lunes 6 de febrero de 2012
no hay distancia física
(la probaste, ¿te acordás?)
y en un páramo perdido gritaste
y en lugar de tu eco
hallaste esa voz que insiste
que no da tregua, que persigue
escapar es girar en círculos
y la distancia un acto imposible
atrás sodoma, fuego y azufre
para los condenados pecadores
el desastre
aunque no girés la cabeza
el resplandor de la ciudad incendiada
se refleja en los objetos que tenés por delante
orfeo miró
y terminó perdiendo el amor para siempre
atrás no está eurídice
bien podría estarlo
reemplazar los terrores de sodoma
mirar y perder
eso es lo que querés, perder
olvidar, aquí y ahora
pero el olvido se demora
apenas se arrastra en su letanía de caracol
y girás pero la luz del cielo
y su tormenta te enceguecen
no ves a quien amás
y agradeces el acto piadoso
de esa naturaleza encrespada
cuando volvés la espalda
seguís siendo un hato de carne y huesos caliente
excitado concentrado en tu huida
las aguas forman remolinos
y dejarte arrastrar es volver al centro
como en un disco de vinilo
la melodía de tu sangre es disonante violenta
y adquiere la contundencia de las olas
al romper contra las piedras
si el camino es el círculo
el disco que vuelve hacia su centro
mientras la púa dibuja el surco
o el dedo que da forma al remolino de agua
si convertirte en estatua de sal
es ver por una eternidad unos ojos implorando
conviene abandonar tu fe en la distancia
y dejarte desangrar hasta el olvido
martes 6 de diciembre de 2011
El pan de la soledad
sábado 8 de octubre de 2011
Fracaso de taquilla
lunes 10 de enero de 2011
LA VISITA
Este cuento hace un año y medio que espera mi visto bueno para ser publicado, todavía no lo tiene, pero he decidido que tenga algunos lectores y que sean ellos los que me den sugerencias, sobre todo acerca del final que es lo que encuentro más flojo. Vale aclarar que es mi primer relato de ciencia ficción y tiene una ambientación marcadamente localista, hay personajes que solo puede reconocer un lector mendocino, pregunto, ¿esta será otra falla? Espero sus comentarios amigos críticos lectores.El pronóstico televisivo anuncia la llegada del Mesías entre algunas tormentas aisladas. El ritmo del café no se detiene. El tono angustiado del meteorólogo marplatense es evidente. Recibió el informe de un satélite nacional. Ninguna precisión sobre la hora, solo la mención de las precipitaciones. No hay saludos para la primera tanda de madrugadores. El canal decide levantar la programación en vivo y pasar por trigésima quinta vez Gladiador. Las radios sacuden del archivo viejos discos de música clásica. Vivaldi y Beethoven para una población desconcertada. Salgo a la vereda, nadie. En el teléfono tengo quince mensajes que se han acumulado en un par de minutos. ¿Dónde estás? ¿Qué vas a hacer? son los interrogantes que se repiten. No contesto ninguno y entro en mi casa incomodado por un remolino de hojas que me roza.
Llamo a mi enfermero. No lo encuentro. Me preparo otro café y lo bebo, extrañamente, con mucha lentitud. Abrigo mis piernas y tomo un paraguas. De nuevo, en la calle. El paisaje ha variado. La gente corre. Cada tanto, alguien me reconoce y se detiene para verme: el mismo rictus de lástima cuando ven mi silla de ruedas y recuerdan la estampa del que era. Otros, en las esquinas, se ofrecen para cruzarme la calle. Gracias, es usted muy amable.
Media hora más tarde estoy en mi trabajo. Las grandes pantallas muestran focos de tormenta que se avecinan. ¿Cómo está, don Nilo? ¿No me diga que vino solo de nuevo? No te preocupés, muchacho, la gente en la calle me ayuda. Me sorprende la tranquilidad de López, probablemente encerrado allí, haciendo el turno nocturno, no se ha enterado de nada.
Abro una carpeta con acceso a la información del satélite Argos IV. Anoche cargué cierto dato con el fin de divertirme. El juego terminó. La primera tormenta comenzará en Las Heras en menos de media hora.
domingo 28 de noviembre de 2010
De oficina

Es Estela
y esa cara que no deja
de mirarme detrás del monitor.
Estela se viste
de formularios abrochados
cuando va a la fotocopiadora
y vuelve desnuda
envuelta en folios transparentes.
Es Agustín
y su boca que mastica
con insistencia el pulgar derecho.
Agustín me pide
un café, un té o quizás solo agua.
Por dentro la fiera que me habita
se debate entre saltar sobre su presa
o prepararle alguna bebida
mientras se pisa la cola.
sábado 20 de noviembre de 2010
SEMANA
Las fotos de este collage no presentan ninguna transformación del tipo "extreme makeover", ni tampoco he intentado emular el "antes" y el "después" de Betty, la fea, mi novela favorita. Simplemente sirven para ilustrar algunas reflexiones a las que he arribado gracias a los dichos originales de mis alumnos sobre lo que es para ellos su semana escolar. Cuando ésta empieza-lunes, 8:00, AM, por dar un ejemplo claro- y con mi dedo índice amenazador pido atención, concentración, silencio, comprensión, aplicación a la tarea, orden, prolijidad y trabajo cooperativo, con ese look de que me caí de la cama en pleno terremoto y odio tanto como ellos que el domingo haya terminado, mis niños me dicen: "pero, uf, profe, es muy lunes para hacer todo eso". Debo decir que comparto plenamente su expresión lingüística que encantaría a la que fue mi profesora de filología (mis respetos, sra. Albagli, donde se encuentre) y la he tomado como frase de cabecera cuando abro mis ojos en tan fatídico día. "Muy lunes". sábado 13 de noviembre de 2010
Detrás de la piedra


